miércoles, 6 de enero de 2010

Cultura Ciudadana para la Paz

La educación es considerada uno de los pilares fundamentales de cualquier sistema sociopolítico, donde se desarrollan las bases de la personalidad y de los componentes colectivos de una sociedad. Las instituciones educativas en todos sus niveles son asumidas como ámbitos para la formación cívica. Éstas se constituyen en espacios públicos o privados institucionalizados para aprender desde un enfoque filosófico democrático. En este contexto, estas instituciones se ajustan a los preceptos constitucionales y promueven como principios fundamentales: la libertad, el respeto, la pluralidad, la igualdad, la tolerancia, entre otros valores que se han vuelto necesarios para la convivencia humana armónica.
De esta forma, Martínez (2005) señala que se debe “construir la ciudadanía en la escuela” (p. 8). La institución educativa como un microcosmos de la realidad tiene la responsabilidad de interpretar los cambios del orden social, dentro de espacios sociopolíticos que trascienden las relaciones familiares, profesionales y comunitarias de los actores educativos.
Los temas sociales circundan los ámbitos de los derechos humanos, la inclusión, la diversidad, la convivencia, entre otros. Las controversias que se generan en torno a éstos, requieren de una visión más amplia del conflicto. Asimismo, se requiere de una participación colectiva para la toma de decisiones para resolverlos, es decir, representa una oportunidad de exponer las diferentes ideas, desde el respeto y la tolerancia a las diferentes tendencias humanas.
El escenario educativo, como espacio de asociatividad, debe forjarse en la identidad del ciudadano desde, para, en y hacia el legítimo otro, capaz de construir una unidad cívica común. Para ello, es necesario generar una reflexión crítica compartida por los diferentes actores para la deconstrucción y reconstrucción de significados referidos al poder, la moral y la ética y su posterior interpretación en el convivir. Este atributo axiológico supone una concepción sociocultural del aprendizaje, en el que la actividad cognitiva del individuo no puede estudiarse sin tener en cuenta los contextos relacionales socio-históricos y culturales, que orientan las conductas, así como las acciones individuales y colectivas en la convivencia universitaria.
La cultura implica una concepción mucho más amplia en los seres humanos, puesto que designa el conjunto total de prácticas económicas, políticas, científicas, jurídicas, religiosas, discursivas, comunicativas, entre otras, que deben conducir a significados y valores socialmente construidos.
Al respecto, Davis (1993) dice que "la cultura es la conducta convencional de una sociedad, e influye en todas sus acciones a pesar de que rara vez esta realidad penetra en sus pensamientos conscientes". (p. 36) El autor considera que la gente asume con facilidad su cultura, además, que ésta le da seguridad y una posición en cualquier entorno donde se encuentre.
Partiendo de la concepción anterior, la Cultura de Paz, entonces, es un conjunto de valores, actitudes y comportamientos que reflejan el respeto a la vida, al ser humano y a su dignidad. Ésta pone en primer plano los derechos humanos, el rechazo a la violencia en todas sus formas y la adhesión a principios de libertad y justicia.
La Paz como concepto globalizador requiere de una educación que enmarque la convivencia a través de principios y valores compartidos, desde la comprensión de cómo debe ser la formación del individuo para educarse como un verdadero constructor de una coexistencia armónica. Como plantea Zaragoza (2003) “la paz es un comportamiento, es traducir a la práctica los principios de convivencia, de solidaridad, de fraternidad” (p.22). Es por esto, que se debe promover los Principios de los Derechos Humanos como valores universales que parten del deseo innato del ser humano de vivir pacíficamente y de hacer este ideal tangible en su propia existencia.
La Paz como principio básico de las relaciones socialmente construidas, se sustenta en el humanismo y está destinada a propiciar el respeto hacia las personas y es considerada como elemento constitutivo de la convivencia social. La visión armónica de la paz, se sustenta en la aceptación de las diferencias, puesto que éstas suponen oportunidades de comunicarse y participar conjuntamente en la solución de los problemas comunes bajo esquemas que buscan la mutua satisfacción.
El sistema democrático enarbola valores afines a la paz, como son la libertad, la justicia y la igualdad en el acceso a mejores condiciones de vida que se enmarcan constitucionalmente. La posibilidad de participar para protagonizar la toma de decisiones, dan apertura a un clima positivo para la adopción de pautas de convivencia. El encuentro dialógico, como principal instrumento, favorecerá el entendimiento entre las personas para dar soluciones a los problemas, desde el consenso para asumir las acciones transformadoras.
Bajo esta perspectiva, la paz se considera un proceso que resulta de la práctica de una ciudadanía democrática, como un principio que orienta la convivencia dentro de un conjunto de relaciones conducentes al aprecio por la dignidad humana e integridad de las personas.
De esta manera, la consolidación de la paz como expresión valorativa de los derechos humanos, requiere de la educación para construir una cultura cívica que extienda la práctica de relaciones sociales armónicas. Es a través de la educación que se formará el sentido moral y ético del ciudadano como miembro fundamental de la sociedad.
La educación universitaria en la formación del profesional puede activar un cambio de actitudes y comportamientos en los docentes y en los demás miembros de la comunidad a favor de una cultura ciudadana para la paz. Ésta representa espacios significativos de aprendizajes, puesto que cada institución universitaria es un instrumento para el desarrollo de los valores básicos relacionados con principios axiológicos universales.
El carácter universal de la paz es aplicable a todos los contextos de convivencia en su carácter transversal, la misma se sustenta en valores morales, éticos y cívicos. En consecuencia, el liderazgo docente debe enfocarse hacia el desarrollo de principios y valores que potencien la inteligencia emocional y la comunicación efectiva, como alternativas educativas para resolver los conflictos tanto dentro como fuera del aula y de la institución educativa universitaria.
La Paz es un concepto que requiere un proceso educativo universitario que parta de la enseñanza de resolver conflictos. Para lograr vivir dentro de una paz social, es necesaria la labor conjunta del Estado, la institución educativa y la participación de las personas y las comunidades. Domínguez, García, González y Rodríguez (1996) abordan que la Educación para la Paz posee ciertas características propias, donde existen una serie de valores básicos que se originan del proceso dinámico de la Educación para la Paz que se fundamenta en la libertad, la justicia, la solidaridad y la tolerancia Como se ha expuesto anteriormente, educar en y para la paz tiene un carácter transversal.
El currículo universitario de la formación docente en la UPEL-IPB debería inscribirse en la idea de una educación en valores para la vida que promueva la convivencia armónica, desde una visión interdisciplinaria que esté relacionada con las distintas disciplinas del saber. Además, debería considerar la diversidad cultural de cada persona, sus características, necesidades, intereses y potencialidades, para proveer competencias relacionales personales e interpersonales positivas de acuerdo con la capacidad que posean los ciudadanos para la resolución de sus conflictos.
La Cultura Ciudadana para la Paz, como eje axiológico en la formación docente en La UPEL-IPB necesita concreción didáctica para convertir los valores implícitos en actitudes y acuerdos útiles para la convivencia. Las conductas y acciones participativas pueden cambiar, de acuerdo con la interpretación que se haga de la realidad y de las experiencias vividas.
La educación universitaria del líder docente debe asumir los principios axiológicos del desarrollo de las potencialidades humanas, profesionales y ciudadana, para ello, debe potencial en el individuo la adquisición de conocimientos, habilidades y actitudes que le permitirán el desenvolvimiento pleno de su personalidad. Según el filósofo hindú, Krishnamurti (2007) el propósito de la educación es generar “hombres y mujeres integrados, libres de temor; porque solo entre semejantes seres humanos puede haber paz duradera” (p.18). De allí la importancia de considerar la integración de todos los eventos socioeducativos que emergen y que guían el compromiso por procurar la paz y el bienestar común.
En otras palabras, la formación docente universitaria se debe convertirse en un proceso participativo, en el que el que futuro docente aprende y desarrolla sus competencias de líder educativo. Tal y como lo plantea Rendón (2000), debe promoverse una formación docente “libertaria y creativa que se basa en los pilares fundamentales del cambio y la transformación del conflicto” (p.23). La reflexión crítica sobre las situaciones emergentes con un enfoque positivo, contribuirá al establecimiento de una dinámica vivencial capaz de dar respuestas a una cultura ciudadana para la paz.

Referentes:

Davis, K (1993) Comportamiento humano en el trabajo. México: Mc Graw Hill.
Domínguez, T., García, A., González, C., Rodríguez F. (1996) Comportamientos No Violentos. Propuestas Interdisciplinarias para construir la Paz. Madrid: NerceaKrishnamurti. (2007). La educación y el significado de la vida. 6ª. Ed. Madrid: Edaf.
Martínez R. (2005): Construir la ciudadanía en la escuela. España: Morata.
Zaragoza, F. (2003). Educación para la Paz. En (Comp.) Educación XXI. Monográfico: Educación para la Paz. (pp. 17-24). Madrid: Facultad de Educación. Universidad Nacional de Educación a Distancia.